El niño a lo largo de su permanencia dentro de la Educación primeria, goza de la facilidad de compartir y ser guiado pon un docente que lo conduce y lo acompaña en sus estudios, utilizando estrategias propias de su curso que hacen que la estancia del niño allí sea una experiencia fácil y agradable para el que aprende.

Al entrar a la tercera etapa de Educación Básica, el niño inicia una nueva vida en su rol de estudiante, ingresara a un nuevo ambiente completamente nuevo donde ya no compartirá con un solo docente durante toda la jornada, sino con varios profesores que le darán los diferentes contenidos de las diferentes materias, los cuales rotaran seguidamente durante todo el día. Asimismo se presenta otro cambio como lo es el nuevo sistema evaluativo que dejara de ser general para ser individualizado, es decir obtendrá una calificación por cada profesor según la asignatura que este le facilite, se encuentra con nuevas aulas no tan bien ambientadas como en su anterior salón de clase.

Todos estos hechos pueden llegar a causar en muchos niños bajo rendimiento debido a que ellos deberán responder a la exigencia que requiera la asignatura de cada docente, en medio de todo esto los papeles que juegan los niños pueden ser confusos, conforme se convierten en adolescentes, todo este proceso de desarrollo del individuo lleva implícita la inminente necesidad de una Adaptación a las nuevas exigencias provenientes de la nueva etapa a afrontar.

No obstante, durante este proceso la interacción del alumno en el aula se ve afectada no solo por las modificaciones que se le presentan en su nueva etapa escolar sino por los factores de búsqueda de independencia, la búsqueda de la identidad, la necesidad de ajuste, nueva manera de pensar, cambia la dependencia de la familia por la del grupo, la reactivación y florecimiento del impulso sexual, las aventuras, esto sin dejar afuera las transformaciones corporales y psicológicas.

La transición de la escuela Primaria a la Secundaria puede ser difícil para muchos estudiantes debido a que los enfrenta con un ambiente social que no se ajusta con sus necesidades de desarrollo (Eccles y Cools, 1993).

En comparación con los salones de clases de primaria, los salones de clases de secundaria enfrentan a los alumnos con un mayor énfasis en el control y disciplina del profesor; menores oportunidades para llevar a cabo toma de decisiones, elecciones o automanejo; uso más frecuente de prácticas tales como la enseñanza de clases completas, capacidad en grupo, y evaluación pública del trabajo y normas más estrictas para la calificación. Por fortuna, estos problemas no son tan inevitables. Cuando las secundarias proporcionan ambientes más personalizados y apoyadores, adecuados a las necesidades psicológicas de sus estudiantes, éstos no demuestran las mismas disminuciones en la motivación o incrementos en los índices de mala conducta vistos en escuelas más tradicionales (Bryk, Lee y Smith, 1990; Dreyfoos 1990; Eccles y Medgley, 1989).

Conforme se aproxima a la adolescencia, los niños comienzan a desarrollar amistades más íntimas con uno o varios compañeros del mismo sexo. Continúan las interacciones menos personales basadas en la actividad con otros amigos, pero las interacciones con amigos íntimos comienzan a incluir más autorrevelación, apoyo emocional y compartición de opinión sobre temas íntimos. Conforme disminuyen los lazos con los padres, los adolescentes se vuelven cada vez más dependientes de los compañeros. Más de dos tercios de ellos creen que un amigo íntimo lo entiende mejor que sus padres (Youniss y Smoll, 1985).

La explicación que predomina acerca de la naturaleza de los cambios en la forma de pensar de los adolescentes se debe a Jean Piaget (1954), de acuerdo con este investigador, los adolescentes entran al nivel más elevado del desarrollo cognitivo, el cual denominó Operaciones Formales, y que esta marcada por la capacidad para el pensamiento abstracto; llegar a este nivel le permite a los adolescentes contar con una nueva forma de manipular u operar las informaciones. Por otra parte Eric Erickson (1968), psicoanalista ha considerado la situación del adolescente como una “Crisis de Identidad”, la cual esta vinculada a la concepción que se tiene sobre si mismo, cuyo sentido exige conocimientos seguro de la dirección de su vida, de saber a donde va, asimismo comenta que el peligro en este periodo es la difusión del yo, por lo tanto es necesario entonces contar con un sentido firme de la identidad del yo, para así responder sanamente a las solicitudes de situaciones biológicas, psíquicas y sociales cambiantes y nuevas.

En vista de esto, el paso del 6° grado al 7° grado implica un cambio total en el paradigma de vida de una niña o de un niño que deberá enfrentarse como se mencionó anteriormente a una nueva etapa educativa que lo invita a la conquista de un nuevo reto, en la cual la figura del docente como guía, y de los Padres es vital, ya que alcanzar con éxito esta etapa constituirá todo un compromiso que requerirá del apoyo de ellos de mayor responsabilidad y de brindarle seguridad en si mismo, en medio de todo esto es vital que lo padres estén al tanto de lo que acontece en este primer encuentro, supervisen sus actividades, y lo ayuden con las mismas, de manera que ellos poco a poco afiancen hábitos de estudios y compromisos que los conlleven a afrontar por igual el éxito en todas las materias a cursar en la nueva etapa cumpliendo así con todos sus docentes. No obstante es importante también hacerles incapie en los valores, hay que afianzarles, especialmente el del compromiso, el hábito de estudio, la amistad, la comunicación, el amor, la sinceridad, el compartir, la toma de decisiones, la autoestima, el respeto y por supuesto la responsabilidad.

La figura del Docente en medio de todo lo que significa este nuevo compromiso para el niño también tiene su parte importante dentro de este proceso, estos constituirán los enlaces con las materias, por lo tanto deben de ser cuidadoso, buenos observadores, empáticos, y muy suspicaz en sus primeros encuentros con los niños, este debe de en los primeros encuentros de discutir las normas de clase, conversarlas conjuntamente con todos y hablarles del compromiso en cuanto a su materia y las futuras evaluaciones para que poco a poco vayan adaptándose a lo que cada docente exige en su clase, ya que cada uno tiene su manera de controlar la disciplina, de planificar sus actividades en fin de llevar su clase, tratando en lo posible de evitar que estos se frustren al sentirse presionados por tantas exigencias y por la personalidad que cada docente tiene, esto a manera de conocerse uno a uno e ir haciendo de la estancia en la nueva etapa un ambiente agradable donde el pueda sentirse en confianza sin que esto le afecte su desarrollo psico-social ni emocional, ni mucho menos su rendimiento académico.